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Reino Unido: Acción decisiva de los docentes frente a la educación lucrativa

«#PideAPearson que los colegios no sean negocios porque #LosNiñosSeMerecen una buena educación pública @pearson.» (#TellPearson en inglés) Este fue uno de los lemas de líderes de sindicatos educativos y padres en su acción contra la privatización educativa en Londres, Reino Unido.

Foto: Education International

Foto: Education International

El pasado 24 de abril, un grupo de sindicatos y agencias internacionales llevó a cabo una acción durante la reunión anual de accionistas y junta directiva de la empresa educativa Pearson.Pearson ha convertido la educación en un negocio a través de proyectos en más de 80 países.

El grupo estaba formado por la American Federation of Teachers (AFT)/Estados Unidos, el National Union ofTeachers (NUT)/Reino Unido, la Association of Teachers and Lecturers (ATL)/Reino Unido, el Australian Education Union (AEU)/Australia y el South African Democratic Teachers’ Union (SADTU)/Sudáfrica, todos afiliados a la Internacional de la Educación (IE), así como Global Justice Now y ActionAid.

La acción de los docentes incluyó la presentación de una carta a la junta directiva de Pearson, junto con las firmas de la “Petición Pide a Pearson (Tell Pearson)”, hasta ahora de 30.000 personas, que exigen que Pearson deje de controlar a los niños y niñas y saque a la luz sus contratos para un análisis público.

La agrupación internacional solicitó que Pearson mida el impacto social, emocional y académico de sus prácticas educativas en Estados Unidos, Reino Unido y los países en desarrollo.

Se solicitaron tres medidas a Pearson:

Una influencia amplia

El mercado educativo tiene un valor de 4,2 billones de dólares en todo el mundo y cada vez más empresas buscan lucrarse a su costa.Pearson es una empresa que lidera el campo de la educación lucrativa y su influencia sobre gobiernos, política educativa y vida escolar en todo el mundo es amplia. La ejerce mediante presión directa y con la financiación de investigaciones académicas, centros de estudios liberales y grupos de presión empresariales.

Los activistas coincidieron en que estas prácticas empresariales que perjudican a niños no solo en Reino Unido sino también en todo el mundo deben eliminarse.

NUT:Educación para el bien público, no para el beneficio

«Las actividades de Pearson en todo el mundo reflejan su intención de comercializar y privatizar la educación en todos los niveles», afirmó Christine Blower, Secretaria General del NUT.

«Pearson debe poner fin a su relación con colegios privados de pago en el hemisferio sur, acabar con todas las prácticas que fomentan y apoyan la obsesión con los exámenes excluyentes y negociar con los sindicatos de docentes y otros agentes un acuerdo sobre el papel adecuado del negocio educativo», declaró Blower.

También destacó que «la educación es un derecho humano y civil, así como un bien público, en beneficio de los estudiantes y de la sociedad, no del lucro privado».

ATL:Mayor desigualdad

Mary Bousted, Secretaria General de ATL, coincidía en que «nadie ha de olvidar que la educación es un derecho humano que no debería desvirtuarse por motivos económicos». Además, añadió que «los planes de estudios escolares no deben patentarse ni cobrarse, y que los exámenes no tendrían que distorsionar lo que se enseña y cómo se evalúa».

«La obtención de beneficios se va integrando en los sistemas educativos de todo el mundo y, por desgracia, estos principios fundamentales se ven aún más amenazados y el resultado es una mayor desigualdad y la exclusión de los niños y jóvenes con menos recursos», concluyó.

AFT:La importancia del impacto social

Randi Weingarten, Presidenta de la AFT también pidió a Pearson que sus actos sean coherentes con las palabras de sus líderes que se definen como una empresa con responsabilidad social.«Aunque reconozco que Pearson tiene un compromiso con sus acciones y ha de ser rentable, mi pregunta está relacionada con otra obligación:gestionar su negocio de forma que se beneficie la empresa educativa más grande del mundo, es decir, en palabras textuales de su Presidente John Fallon, “de modo que los productos se midan por su impacto social”», afirmó.

«Los niños de todo el mundo deberían poder acceder a una educación gratuita de gran calidad», indicó Weingarten. También pidió a Pearson que deje de cobrar a los más pobres del mundo hasta un 30 por ciento de sus ingresos para que solo uno de sus hijos pueda ir al colegio.

Actividad en Twitter

El hashtag #TellPearson se usó bastante en Twitter ese día, con tuits como los siguientes:

#PideAPearson  que deje de controlar las redes sociales #LosNiñosSeMerecen que @pearson no les espíe
#PideAPearson que elimine los exámenes excluyentes porque #LosNiñosSeMerecen una educación mejor @pearson
¿Un 40% de tus ingresos para que solo 1 hijo pueda estudiar?#PideAPearson:que deje de aprovecharse de los trabajadores más pobres del mundo http://aft.to/pearsonGS @pearson

El panfleto que repartieron los sindicalistas del sector educativo en Londres durante la junta anual de accionistas de Pearson se puede descargar aquí.

La educación es un derecho humano básico – razón por la que se debe resistir a las escuelas privadas

En análisis al periódico The Guardian, el Relator Especial sobre el Derecho a la Educación, Kishore Singh, cuestiona: ¿Si la privatización de la educación tiene un impacto devastador agravando la desigualdad, entonces por qué la comunidad de desarrollo financia a proveedores con ánimo de lucro?

Fuente: con informaciones de The Guardian

Kishore_Singh_52566En el marco de los debates sobre la agenda de desarrollo Post 2015, un análisis del Relator Especial sobre el Derecho a la Educación, Kishore Singh, hecho al periódico The Guardian considera “preocupante el hecho de que miembros de la comunidad internacional estén presionando por más privatización en la educación”. Singh recuerda que distintos organismos internacionales se han sumado en la defensa de la participación privada en la educación – bandera que el Banco Mundial ha sostenido por décadas.

De acuerdo con Singh, la política actual del Banco Mundial de incentivo y apoyo a multinacionales con ánimo de lucro proveedoras de educación es un motivo de grave preocupación, una vez que dicha estrategia ha tenido un impacto devastador en el derecho a la educación.

“La educación no es un privilegio de las personas ricas y de aquellas que disfrutan buenas condiciones de vida; es un derecho inalienable de todos los niños y niñas. El Estado debe cumplir su responsabilidad de garante y regulador de la educación como derecho humano fundamental y causa pública. La oferta de educación básica, libre de costo, no sólo es una obligación fundamental de los Estados, sino también un imperativo moral”, afirma Singh.

En su opinión, “la privatización paraliza la idea de la educación como un derecho humano universal y – al agravar la marginación y la exclusión – es contraria a los principios fundamentales de los instrumentos de derechos humanos. Crea inequidad social”.

Y recuerda: “El costo de privatizar la educación no radica únicamente en los cobros escolares, sino que también a los daños al bien público. Los cobros, sin embargo, impactan más fuertemente a las personas más pobres y vulnerables. A veces, el hijo mayor recibe educación, mientras las hijas se quedan en casa. Las desigualdades en la sociedad aumentan cuando se excluye a las personas más pobres”.

Lea el texto completo aquí (en inglés).

“Aún soy un radical; me cabrea el ritmo de la privatización”

Foto: Revista Educación

Foto: Revista Educación

En entrevista concedida a la Revista Escuela, Bill Ayers, catedrático de la Universidad de Illinois, E.E.U.U., subraya que importancia dela educación reside en el hecho de que este es un derecho humano y añade: “la educación para la gente libre está impulsada por un ideal especialmente valioso y frágil: todo ser humano tiene un valor infinito e incalculable, cada uno es una fuerza intelectual, emocional, física, espiritual, moral y creativa única; cada uno de nosotros nace igual en dignidad y derechos; cada uno está dotado de razón conciencia y voluntad; (…) fiel a esa ética, la escuela debe asumir el pleno desarrollo de cada individuo”.

La privatización de y en la educación, en ese sentido, niega la educación como un derecho humano: “si se piensa la educación como un producto, como un coche o un frigorífico, comprado y vendido en el mercado; y se cree que los colegios son un negocio dirigido por un CEO, con profesores que hacen de trabajadores y estudiantes que hacen de materias-primas, dando tumbos por el suelo de la fábrica mientras se rellenan sus pequeñas cabezas con información en la línea de montaje, entonces es fácil suponer que recortar personal y subcontratar o privatizar espacios públicos es un fenómeno natural; que la aplicación de pruebas administradas por el Estado – pero de desarrollo privado y muy rentable – para determinar los estándares de una representación racional de aprendizaje; que la tolerancia cero a la mala conducta del estudiante como sustituto del desarrollo del niño es sana; y que la rendición de cuentas, es decir, una serie de sanciones a estudiantes, a profesores y a centros, pero nunca a los legisladores o corporaciones, es lógica y sensata”.

Lea la entrevista completa aquí.

Amsterdam: “Nos rebelamos contra la comercialización de la Universidad”

Alumnos y profesores de la Universidad de Ámsterdam piden democracia para el centro mediante una revolución histórica

Fuente: Estatsblog

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

Holanda está viviendo una revolución histórica. Profesores y alumnos de la Universidad de Ámsterdam se han rebelado contra la dirección del centro. Según los protestantes, su gestión basada en los beneficios económicos es la causa de la abultada crisis financiera que sufre la entidad (se rumorea que entre 12 y 13 millones de euros).

La dirección de la Universidad ha anunciado fuertes recortes para el año que viene. Entre otras cosas, eliminar varias carreras del programa de Humanidades como Filosofía, Historia o las Literaturas (o agruparlas todas en un solo grado: Artes Liberales); cancelar los masters con menos de 20 alumnos y vender el edificio de la Facultad de Humanidades para construir un club privado británico.

Durante dos meses, centenares de estudiantes y catedráticos han ocupado edificios clave del centro para pedir claridad de cuentas y la democratización de la administración. Hoy se ha terminado la ocupación con una gran marcha por las calles de Ámsterdam. Para conocer las entrañas del movimiento y sus logros hablé con Enzo Rossi, profesor de la Universidad y activista en las protestas.

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

Foto: Guido van Nispen. Derecha Enzo Rossi (CC BY 2.0)

¿Cómo empezó el movimiento?
El 13 de febrero, un pequeño grupo de profesores y estudiantes de la Facultad de Humanidades ocuparon la sede, el Bungehuis. El colectivo protestaba contra los fuertes recortes que supuestamente habrá el año que viene.

¿Qué dijo la dirección de la Universidad?
Amenazaron legalmente a los ocupantes. Reclamaron hasta 100.000€ por día y persona a todo aquel que entrase o estuviera dentro del Bungehuis. El juez de la corte del distrito de Amsterdam no aceptó la sanción económica pero sí ordenó el desalojo del edificio.
Eso es mucho dinero.
Nos pareció inaceptable, una locura. Publicamos una carta abierta avisando al Consejo de Administración que no solo tendrían que multar a los ocupantes pacíficos del Bungehuis, sino también a decenas de catedráticos de todo el país que estuvieron allí. La firmamos casi 300 profesores.

¿Cómo reaccionaron las otras facultades de la Universidad?
Ha habido divergencia con la idea de la ocupación. Pero mayoritariamente apoyan el mensaje de la protesta. La clave es que a parte de la democratización del centro, también queremos la descentralización de la gestión. Eso permitiría a cada facultad decidir cómo debe ser su método de educación.

¿Cómo terminó la ocupación de la Facultad de Humanidades?
Hubo negociaciones entre la dirección y los protestantes durante algunos días pero al final enviaron a la policía. Después de 11 días de ocupación se desalojó el Bungehuis con algo de violencia. Arrestaron a unas 40 personas (lo informes oficiales dicen 46). Algunos no quisieron identificarse y estuvieron detenidos durante 2 días.
Entonces nació la segunda ocupación, precisamente en la sede de la dirección.
El desalojo del Bungehuis fue el catalizador real del movimiento. Después de eso, las protestas ya no eran solo cosa de la Facultad de Humanidades. Al día siguiente hubo una gran manifestación con miles de personas por las calles de Ámsterdam. La marcha terminó en el Maagdenhuis, el edificio principal de la dirección de la Universidad. Serían las 6 o 7 de la tarde, la gente estaba cantando. Abrimos las puertas y entramos.

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

Y una vez dentro, ¿qué?
Tuvimos una asamblea general para decidir qué hacíamos con el edificio. Decidimos ocuparlo. Esa misma noche el presidente del Universidad y el alcalde de Ámsterdam vinieron para dialogar y hubo un debate público con ellos.

¿Sirvió para algo?
El alcalde estuvo razonable, pero el presidente de la Universidad cometió un error, dijo: «Si sois gente honrada y democrática marcharos, este es nuestro edifico». Eso enojó a la gente. Ese edifico pertenece a toda la comunidad universitaria, no solo a la dirección.
Y a partir de ese día, profesores y alumnos empiezan a convivir allí dentro.
Al principio, la mayoría eran alumnos. Luego, muchos profesores se involucraron en diferentes actividades y algunos también pasaban las noches. Creamos asambleas, debates, lecturas. Entre todos teníamos que decidir los pasos a seguir para lograr el objetivo: rebelarnos contra una Universidad basada ​​en los beneficios económicos.

¿Qué grupos dirigieron la ocupación?
Hay diferentes colectivos. Principalmente: el colectivo estudiantil, De Nieuwe Universiteit; el de los profesores y demás personal del centro, RethinkUvA y uno más reducido pero que es el originario de toda la protesta, Humanities Rally.

¿Cómo ha sido la organización entre todos los colectivos?
Principalmente con asambleas. También tenemos grupos de Facebook, de WhatsApp y páginas web donde publicamos lo que hacemos y discutimos. Pero la mayoría del trabajo lo hemos hecho en persona, discutiendo durante horas entre todos. Hablando, votando.

¿Quién podía entrar en el edificio durante la ocupación?
El edificio ha estado abierto a todo el mundo. No lo llamamos ocupación, sino reapropiación. Lo que hizo especial a esta protesta fue la ausencia de barricadas. Si las tienes, la gente no puede entrar, los intelectuales no pueden dar charlas, los periodistas no pueden entender lo que ocurre dentro. ¡No puedes difundir tu mensaje!

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

¿Y la seguridad?
La Universidad tuvo allí a dos guardas de seguridad día y noche. Es una compañía privada que trabaja para el centro y que ha hecho su trabajo. Han sido de gran ayuda resolviendo pequeños problemas fuera del edificio durante las noches.

Después de casi un mes dentro, ¿qué habéis logrado?
Algo histórico. Hemos llegado a un acuerdo con la dirección de la Universidad y los sindicatos para la creación de dos comités independientes. Uno para investigar las finanzas de la entidad y ver de donde viene su crisis financiera. Y otro para buscar vías para la descentralización y la democratización del centro. Lo importante es que estos comités podrán hacer recomendaciones a la dirección y si hay consenso tendrán que ser implementadas.

¿Cual ha sido la clave del éxito?
Ser pragmáticos. Ser realistas con nuestras demandas, así hemos tenido repercusión y hemos avergonzado a la administración de la Universidad por su gestión de los recursos.

¿Cuál es el siguiente paso?
Lo que representa esta ocupación ya es historia. Esta etapa se ha acabado. Ahora estamos concentrados en la creación de los comités. Pero la clave será que el movimiento se mantenga vivo fuera del edificio. Tiene que convertirse en algo nacional para poder presionar al Gobierno.

¿Por qué?
La ley holandesa dice que las administraciones universitaria no pueden ser elegidas democráticamente. Tenemos que cambiar esto. Estamos en contacto con los partidos políticos y en las próximas semanas habrá un debate de dos días en el Parlamento holandés. El director de la Universidad de Ámsterdam estará allí para hablar de los sucedido y nosotros también.

¿Os sentís apoyados por la sociedad holandesa?
Muchas gente que no está afiliada a los colectivos ha venido para cocinar, ayudar con la limpieza y donar diferentes cosas. La opinión pública ha sido, de lejos, muy positiva. La prensa nos ha tratado bien.

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

Foto: Guido van Nispen. (CC BY 2.0)

¿Se está expandiendo la protesta a otros centros?
La universidades holandesas están en shock. Algunos de nuestros estudiantes están en contacto con otras facultades compartiendo experiencias. Incluso algunos están viajando a otros países con situaciones similares. Hemos recibido muchos gestos de apoyo a nivel internacional, por ejemplo desde Londres. Algo está naciendo allí también.

¿Cómo ha sido la convivencia entre profesores y alumnos?
Las clases han seguido con normalidad, ha sido curioso. Un viernes por la mañana estás dando clase a un alumno y por la tarde discutes con él sobre cómo debe ser la Universidad. Ahora nos sentimos mucho más cercanos los unos con los otros. Ha sido muy productivo.
Son situaciones excepcionales.
Intentas separar tu rol de activista, es evidente. En clase no hablamos de las protestas. Son dos cosas distintas. Pero hemos notado que antes había muchos alumnos desconectados de la política y ahora tienen una conciencia mayor sobre su importancia.

¿Con qué te quedas?
Solía ser un poco cínico sobre la política. Pero después de lo sucedido aquí tengo la fé renovada en el poder del activismo. Ha sido una gran lección para mi. Realmente estoy muy agradecido con los estudiantes. Los profesores hemos trabajo duro, pero sin los jóvenes esto nunca habría ocurrido.

Chile: Estudiantes critican el proyecto recién-despachado para poner fin al lucro en educación

Valentina Saavedra, la presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), comentó: “Ésta no es la reforma demandada por el movimiento estudiantil”

Fuente: diarioUChile | Rodrigo Rojas | 27 de enero de 2015

Foto: DiarioUChile

Foto: DiarioUChile

En la discusión en el Congreso de ayer, cuando se aprobaba el proyecto que pone fin al lucro, a la selección y el copago, se recordó, en varias ocasiones, las demandas de esta colectividad y cómo ésta ayudó a llevar a cabo estas modificaciones. Mientras ex líderes celebraron la aprobación de esta medida, actuales cabecillas especificaron que esta victoria no representa realmente al movimiento estudiantil.

Giorgio Jackson empezaba su intervención antes de la aprobación del proyecto educacional, remarcando la importancia de los movimientos estudiantiles en la actual Reforma. En el hemiciclo, el ex presidente de la FEUC, afirmó que los cambios aprobados ayer  se iniciaron en las movilizaciones.

“La verdad es que sin las movilizaciones del 2006 y 2011 no estaríamos debatiendo ninguno de los temas actualmente. La ley de inclusión que se está discutiendo actualmente en su último trámite es histórica porque empieza a marcar el cambio en la educación chilena que venimos impulsando desde las movilizaciones estudiantiles. Lo que dijimos siempre es que queríamos pasar de la lógica de la competencia a la lógica de la inclusión o de lo público.”, especifico Jackson.

De la misma forma Camila Vallejo, ex presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH), también aseguró que no se estaría legislando esta Reforma si no hubiese aparecido el movimiento social.

“Este día debemos dedicarlo a todas las familias chilenas que nos mandataron para cambiar la educación de nuestro país, a todos aquellos jóvenes estudiantes que sufrieron la represión policial por manifestarse en la calles, exigiendo un poco de justicia social, exigiendo Educación como derecho social, es decir, gratuita y de calidad para todos y todas. Hoy y es crucial dejar esto en claro, no estaríamos legislando esta Reforma si no hubiese sido por la lucha del movimiento social y si la experiencia mundial no hubiese sido tan clara y contundente en esta materia.”, explicó Vallejo.

Sin embargo, este pensamiento no es unánime. Durante todo 2014 se pudo ver a distintos participantes del movimiento estudiantil acusar al gobierno de cooptar sus demandas y no resolverlas de manera adecuada. Recordado fue el episodio en el que los representantes de las universidades se bajaron de la mesa de diálogo impulsada por las autoridades del Mineduc, por no sentirse oídos.

En esa línea, la actual presidenta de la FECH, Valentina Saavedra, no considera que esta Reforma represente al movimiento estudiantil. Es más, la egresada de arquitectura declaró que no fueron escuchados en el proyecto que ayer fue aprobado.

“Nosotros levantamos una serie de indicaciones para poder mejorar el proyecto y que efectivamente se acercara más a lo nosotros habíamos propuesto. Pero no fuimos escuchados. Entonces podríamos decir que éste no es lo que el movimiento estudiantil estaba demandando. De hecho ni el 2011 ni nuestras demandas caben en esta Reforma.
Finalmente, esperamos que en el proyecto de Educación Superior aumente la claridad por parte del Ministro”, aseveró Saavedra.

Según su opinión, este proyecto mantendrá una educación segregada y la lógica de la competencia. Tampoco cumplirá con una de las grandes premisas de su título ya que no se terminará ni con el lucro, ni con el copago ni menos con la selección.

Pese a ello, existen otros ex miembros del movimiento que reconocen que, pese a las limitantes del documento aprobado, sin lugar a dudas es un avance y una victoria. Así lo plantea  Joaquín Walker, ex líder estudiantil del 2010. El abogado, que trabaja en la Fundación Elige Educar, recordó lo importante que fue el movimiento que congregó a los estudiantes. Un cambio en el ambiente, nuevos temas en la agenda y poner a la educación como prioridad en las encuestas fueron resultados, que él, vincula con el aporte de los estudiantes.

“Ciertamente el movimiento estudiantil con su expresión más fuerte en el 2006 y 2011, lograron posicionar temas que no estaban en la agenda pública y hacerle sentido a los ciudadanos en general a través de sus demandas, propuestas y con su diagnóstico sobre que la educación necesitaba cambios profundos.”, expuso el ex presidente de la FEUC. [FIN de la nota de DiarioUChile]

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Y más:

El 27 de enero, a través de su cuenta en Facebook, la Fech comunicó:

“Nunca dijimos que queríamos mejorar el modelo educacional, dijimos que queríamos cambiarlo. La reforma aprobada ayer sólo regula el mercado y deja a los particulares pagados fuera de la ley, reunidos en sus elites. ‘Luego de 450 indicaciones siguen haciendo negocios con nuestros derechos'”. La Federación hace un llamado a la calle.

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EDUCACIÓN S.A (el mercado ataca de nuevo)

Fuente: Contrapuntos | Pablo Gentili

Aunque quizás pocos lo hayan notado, la educación ha sido la verdadera protagonista de algunos de los principales acontecimientos políticos de la última semana en América Latina. El hecho parece inédito. El estrellato de la educación no se debió esta vez a ninguna mala noticia, como suele ser habitual, sino más bien a un inusual reconocimiento acerca del valor que ella tiene para resolver providencialmente los principales problemas que deberán enfrentar los países de la región.

El hecho debería alegrarnos. Finalmente, la educación parece estar ganando el lugar que le cabe como gran apuesta al futuro, como oportunidad para hacer de las nuestras, sociedades más democráticas y justas.

Entre tanto, una revisión de las razones y argumentos que dirigieron hacia la educación el centro de las atenciones en el debate regional, no dejan de ser frustrantes y, de cierta forma, lamentables.

Lagarde 2

Christine Lagarde, directora gerente del FMI. Foto: Andrew Harrer (Bloomberg)

Los días 5 y 6 de diciembre pasado, se celebró en Santiago de Chile la Conferencia “Desafíos para asegurar el crecimiento y una prosperidad compartida en América Latina”, organizada por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Allí, diversos funcionarios del organismo alertaron que el ciclo de reformas sociales de la última década se había agotado y que las bajas tasas de crecimiento económico del continente, en un contexto global cada vez más incierto y riesgoso para la región, obligaban a un mayor rigor fiscal y a una inmediata reorientación de las políticas macroeconómicas. La reunión contó con la participación de algunos ministros de economía, presidentes de bancos centrales de diversos países latinoamericanos y un destacado conjunto de intelectuales y representantes de organizaciones internacionales. En la ocasión, la titular del FMI, Christine Lagarde, expuso algunas de las recomendaciones elaboradas por el organismo para enfrentar los desafíos futuros, poniendo especial énfasis en que, la necesidad de reactivar las economías, dependerá de una progresiva y sistemática mejora de “la educación, la infraestructura y la promoción de políticas que conduzcan a un crecimiento más equilibrado, inclusivo y sostenible”.

Difícil es saber si alguno de los presentes, en su sano juicio, pudo haber confiado en semejante aspiración de buena voluntad, por parte de un organismo que mucho ha tenido que ver con los mayores desastres económicos que ha vivido América Latina durante los últimos cincuenta años. Lagarde no perdió oportunidad de exponer su particular visión sobre los avances en los procesos de integración regional, descalificando con una metáfora gastronómica al Mercosur, la Unasur y el Alba, a los que tildó de “plato de espagueti”, al mismo tiempo en destacó magisterialmente a Chile como “un alumno que trabaja duro y trata de mejorar su destino”. (Esto último no se supo si era un elogio o una advertencia al gobierno de Michel Bachelet). Por cierto, nunca ha sido la delicadeza ni la cordialidad la marca del trato que los funcionarios del FMI le han dispensado a América Latina, algo habitual en sus anteriores gerentes, como el promotor de crisis globales Michel Camdessus, la poco amigable señora Anne Krueger, el eximio administrador de empresas Rodrigo Rato, o el festivo Dominique Strauss-Kahn.

Preocupada con los altos índices de desigualdad y de violencia en la región, Christine Lagarde sostuvo convencida que “hay que realizar reformas estructurales, y eso incluye mejorar el nivel de educación, asegurando que la formación responda a las necesidades del mercado”.

Desde este punto de vista, los problemas de competitividad y productividad que limitan las posibilidades de crecimiento de las naciones latinoamericanas, en el actual contexto internacional, dependen de la necesaria y urgente orientación de la educación a los requerimientos de la economía. Por otro lado, en un contexto potencialmente recesivo, la disminución del fondo público obliga a orientar el gasto social de forma más efectiva, priorizando la formación profesional y el desarrollo de competencias que permitan una inserción más competitiva de los individuos en el mercado, contribuyendo al dinamismo de la economía. En otras palabras, la educación debe reducirse a la capacitación laboral ya que es el déficit de formación lo que explica, en buena medida, las trabas que impiden el desarrollo de las naciones latinoamericanas.

El desafío atribuido a la educación contrasta, naturalmente, con un diagnóstico muy negativo de las condiciones en que se promueven las políticas educativas en la región: la improductividad del sistema escolar, su pésima calidad, la mala formación docente y los bajísimos niveles de aprendizaje de los alumnos, sumados a una mala gestión y administración de los recursos invertidos. Reorientar la educación hacia las demandas y necesidades del mercado es la solución propuesta por el FMI, así como por el Banco Mundial, una receta que vienen repitiendo desde hace más de treinta años y que siempre plantean con una sorprendente pretensión de originalidad.

En una línea semejante, el día de ayer, 9 de diciembre, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), la Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), presentaron su publicación conjunta, Perspectivas Económicas de América Latina 2015: Educación, Comptencias e Innovación para el Desarrollo. El documento alerta también sobre las incertidumbres y desafíos que impone la nueva coyuntura internacional a las economías latinoamericanas:

“Para impulsar el crecimiento potencial y la equidad es necesario seguir avanzando en reformas estructurales. El crecimiento de la productividad continúa siendo modesto con relación a los países de la OCDE y otras economías emergentes y, a pesar de las reformas recientes, América Latina es la región más desigual del mundo. En particular, las bonanzas de los recursos naturales y los flujos de capital de corto plazo hacia la región no se han reflejado en un incremento del crecimiento económico potencial de la región. Reformas para fortalecer la educación, las competencias y la innovación han de favorecer la expansión del potencial de crecimiento y la productividad a través de una mejora de las capacidades de los trabajadores. Igualmente, deberán garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a una formación de calidad”. (+)

No deja de llamar la atención que la CEPAL y la CAF, cuya contribución ha sido fundamental para entender críticamente los procesos de desarrollo y la situación social latinoamericana durante las últimas décadas, ofrezca una visión tan limitada de la educación y de su potencial como medio promotor del progreso y del bienestar. Reducida a un mecanismo de transmisión de competencias y capacidades laborales, la acción del sistema escolar acaba así subordinada a las demandas económicas, a un mecanismo de valorización y dinamización de la fuerza de trabajo que debe adaptarse a las exigencias del mercado. El documento presentado se aleja de la perspectiva más amplia y crítica a partir de la cual estos organismos han entendido los derechos sociales, entre ellos el derecho humano a la educación, predominando aquí la visión tecnocrática y economicista que la OCDE, el FMI y el Banco Mundial siempre han defendido. El gran desafío de la educación queda reducido a mejorar las competencias laborales y a reducir (o, en el mejor de los casos, priorizar) toda aspiración de reforma educativa a la ampliación de la formación profesional.

El capítulo uno del documento, “Educación, competencias e innovación para una América Latina más dinámica e inclusiva”, amplía estos argumentos, afirmando que el aumento de la productividad y de la capacidad competitiva de las naciones latinoamericanas dependerá de la mejora en las condiciones de formación para el empleo, actualizando las competencias y la movilidad de los trabajadores. En tal sentido, “la participación y coordinación con el sector privado es muy importante tanto para orientar las demandas presentes y futuras de las empresas, como para proveer directamente formación en el lugar de trabajo”. (+)

El parámetro de la formación educativa son las demandas y necesidades empresariales y, por tal motivo, nadie mejor que los empresarios para determinar qué y cómo deben aprender nuestros alumnos.

Las referencias al carácter de la educación como un factor de inclusión social se reducen así a un problema estrictamente laboral y de inserción productiva. Un argumento al que la OCDE nos tiene ya bastante acostumbrados, pero que no era la perspectiva de la CEPAL ni de los valiosos aportes que nos ha brindado su excelente División de Desarrollo Social en los últimos años.

El problema planteado no deja de ser muy semejante al del FMI: los sistemas educativos latinoamericanos deberán salvar nuestras economías de un desastre quizás inminente. Y para hacerlo, deben cambiar, ya que son de bajísima calidad, como lo demuestran, según ellos, las pruebas PISA.

El documento citado fue divulgado mientras concluía la XXIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno llevada a cabo en Veracruz los días 8 y 9 de diciembre. Su lema ha sido: “Iberoamérica en el siglo XXI: Educación, Innovación y Cultura”. Un evento de fundamental importancia para consolidar y ampliar los acuerdos de cooperación e integración educativa regionales. La Cumbre de Veracruz se realiza a cuatro años de la XX Cumbre de Mar del Plata, cuyo tema había sido “Educación para la Inclusión Social” y en cuyo ámbito se realizaron importantes acuerdos como las “Metas 2021: la educación que queremos para la generación de los Bicentenarios”.

Los acuerdos de la Cumbre de Veracruz significaron un avance en el recorrido sinuoso de la integración educativa regional, gracias a la creación de una Alianza para la Movilidad Académica iberoamericana, el fortalecimiento y ampliación del Programa Neruda para la movilidad estudiantil de posgrado y el relanzamiento del Programa Iberoamericano de Alfabetización.

El trabajo de la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y de la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) ha sido, en este sentido, destacado y de enorme valor. Sin embargo, las ausencias de los mandatarios de países de enorme importancia en la promoción de cualquier acuerdo regional, como Brasil, Argentina, Bolivia y Venezuela, sin lugar a dudas, poco ha ayudado a fortalecer una perspectiva de la educación que supere las visiones reduccionistas y economicistas que amplifican los gobiernos más conservadores y organismos como la propia OCDE.

Las Cumbres, a pesar de todas sus complejidades, fueron un espacio central para fortalecer una perspectiva que valoriza la dimensión de la educación como un derecho humano fundamental y de la política educativa como un factor de promoción de la igualdad y la justicia social. Algo bastante diferente a la visión que allí mismo manifestó el Secretario General de la OCDE, Ángel Gurría, al sostener que “si deseamos evitar una década de bajo crecimiento económico en América Latina, debemos mejorar el nivel educativo, fortalecer las capacidades de los trabajadores e impulsar la innovación”.

El economicismo reduccionista de la OCDE quizás sólo haya sido ofuscado por las desatinadas declaraciones del presidente español Mariano Rajoy. Pareciendo querer justificar el éxodo científico que vive España, Rajoy propuso en la Cumbre que los países con “excedentes de talentos” cooperen con las naciones menos desarrolladas de la región. Además, como si uno de los méritos de su gobierno hubiera sido la promoción de más y mejores aportes financieros a los estudiantes más pobres, sostuvo la necesidad de implementar amplios programas de becas para fomentar la formación de calidad, “evitando que la falta de recursos sea un obstáculo”. Vaya, vaya…

Rajoy+PeñaNieto

Mariano Rajoy y el presidente de México, Enrique Peña Nieto en la Cumbre de Veracruz. Foto: Henry Romero (Reuters)

¿Qué problema hay en todo esto?

Si Ud ha llegado a esta altura de la nota, quizás se pregunte qué problema puede haber en destacar la necesidad de que la educación responda a las demandas productivas, que nuestros jóvenes tengan una mejor formación y que puedan insertarse competitivamente en el mercado de trabajo, mejorando sus ingresos y contribuyendo así con el desarrollo nacional.

Por supuesto que ninguno.

El problema no está en reconocer que la educación puede y debe contribuir con la economía. El problema reside en reducir todas las funciones educativas a las demandas y necesidades que formula el mercado y, más operativamente, a las demandas y necesidades de las empresas. Educar para el desarrollo social es algo más complejo que educar para las Sociedades Anónimas. Pensar políticas educativas de inclusión supone un desafío mucho más amplio, más complejo, y ambicioso que desarrollar políticas de formación profesional.

Es absolutamente verdad que América Latina es la región más desigual del planeta. Entre tanto, una perspectiva educativa como la defendida por el FMI, el Banco Mundial y la OCDE no hace otra cosa que cristalizar las enormes desigualdades que imperan en el sistema escolar, revirtiendo los importantes avances logrados por casi todos los países de la región en la última década.

América Latina ha vivido una importantísima transformación democrática durante los últimos años. Los niveles de pobreza, que a comienzos de los años 90 alcanzaban a casi la mitad de la población, se redujeron drásticamente llegando hoy a menos del 28%. En el período transcurrido entre el 2002 y el 2013, más de 60 millones de latinoamericanos superaron la línea de la pobreza y, la mitad de ellos, la línea de la indigencia. La región pasó de tener algo más de 225 a 168 millones de pobres en diez años. La desigualdad, aunque más tímidamente, también disminuyó, inclusive en algunos de los países en que parecía haberse impreso como la marca estructural e indeleble de un modelo de desarrollo que siempre benefició a unos pocos, despreciando los derechos y negando cualquier oportunidad de bienestar a las grandes mayorías. Podría haberse hecho muchísimo más, sin lugar a dudas. Pero las transformaciones vividas comenzaron a revertir un ciclo de estancamiento económico y de cristalización de injusticias sociales promovidas por las políticas neoliberales que se multiplicaron en la región desde los años 70 y, particularmente, con una radicalidad expresiva en los 90.

En este marco, uno de los más significativos avances sociales del continente fue la ampliación de las oportunidades educativas a millones de latinoamericanos y latinoamericanas. Los niveles de acceso y permanencia en la escuela aumentaron de forma exponencial, permitiendo que sectores tradicionalmente excluidos del sistema educativo accedieran a él o superaran las barreras que les impedían su progresión hacia niveles que nunca antes habían alcanzado. La matrícula universitaria creció. Y lo hizo porque los hijos de los sectores populares, en algunos de los países de la región, comenzaron a cursar, por primera vez, los estudios superiores, invadiendo un nivel del sistema que siempre había permanecido como privilegio de los más ricos.

Lejos está América Latina de haber alcanzado la igualdad educativa. Pero los avances fueron notables y pusieron de relevancia no sólo la dramática persistencia de la desigualdad escolar, sino la posibilidad de revertirla por medio de políticas públicas orientadas por gobiernos que, ampliando la inversión social y promoviendo programas de gran escala, asumieron ésta como una de sus deudas y como uno de sus desafíos más ambiciosos en la promoción de la democracia y la justicia social. El inventario de lo que aún falta hacer en el campo educativo es enorme. Pero solapar o desconsiderar los avances alcanzados no puede ser otra cosa que un gesto de indiferencia hacia una conquista colectiva que ha comenzado a cambiarle la vida a millones de personas.

El gran desafío de la educación latinoamericana es contribuir a afirmar y consolidar sociedades fundadas en los derechos humanos, ampliando el ejercicio de la ciudadanía y la participación democrática. Querer hacerlo por medio de la subordinación de la educación al mercado, no parece un buen camino. El mercado es el imperio de la desigualdad, de la necesidad, es el espacio de la diferenciación y la clasificación. Cuando la educación se subordina al mercado acabamos aceptando que su función no es ampliar la igualdad entre los seres humanos, sino profundizar sus diferencias sociales, de clase, de género, de raza, de origen. Atribuimos a la competencia y al mérito individual la virtud de seleccionar y elegir a los mejores, justificando así las injusticias y la reproducción sistémica de la desigualdad.

La educación es el espacio que las sociedades democráticas disponen para producir sentidos, conocimientos, saberes y prácticas que nos ayudan a construir sociedades más justas, igualitarias, solidarias y humanas.

Se trata de politizar la educación, como una herramienta de transformación y emancipación social. Reducir toda aspiración educativa a la capacitación laboral no nos lleva a otro camino que a pensar en el sistema escolar de los pobres como una gran agencia de formación profesional para empleos flexibles.

No debe así sorprender que, justo cuando América Latina comienza a transitar de forma incipiente por un proceso de ampliación de oportunidades ciudadanas, se activen de forma drástica los discursos que insisten en recordarnos que a los pobres les cabe ocupar el lugar que siempre ocuparon, y que su tránsito por la escuela no debe ser otra cosa que la apropiación de un aprendizaje supuestamente útil para su rápida inserción como fuerza de trabajo adaptada a las necesidades de aquellos que los contratarán, los cuales, por cierto, nunca aceptarían que a sus hijos les toque como única oportunidad educativa un curso corto de inserción profesional.

La estrategia discursiva parece ser siempre la misma, aunque algunos términos se modernicen y ganen nueva fisonomía: se atribuye a la educación un poder redentor (salvar a la nación del subdesarrollo y del atraso económico), mientras se condena el sistema educativo realmente existente, aquel en el que se educan, día a día, millones de niños, niñas y jóvenes; aquel en el que trabajan miles de docentes, muchos de ellos quizás mal preparados, pero que poco tienen que ver con el imagen caricaturesca que los presenta siempre como sujetos perezosos e indolentes. Hay una educación salvadora que se dibuja en el horizonte de la esperanza conformista de un mercado que sólo aspira a ser competitivo y dinámico (sólo eso). Y una educación real, digamos de carne y hueso, degradada y despreciada por los que aspiran a reformarla desde su totalitarismo economicista, especialmente cuando ella es pública y la garantiza el Estado; esa educación que, en apariencia, nos impide cumplir nuestro justo deseo de abandonar, de una vez por todas, el subdesarrollo.

Ya lo sabemos, ya lo hemos visto, escuchado y vivido a lo largo de los últimos cincuenta años: para los economistas oficiales, para el mainstream político y empresarial latinoamericano, la educación pasa a tener alguna función relevante cuando la economía va mal y cuando hay que elaborar un pase de magia que permita prometer una salida rápida y milagrosa a los problemas que se avecinan. Así, la economía latinoamericana creció gracias a la inteligencia y a las brillantes ideas de los economistas. Como ahora enfrentará problemas por la caída del precio de las materias primas, la desaceleración de China, el alto costo del financiamiento externo y las bajísimas perspectivas de ingreso de capitales en los países de la región, al sistema educativo le toca, providencialmente, cumplir su papel. Si no lo hace, estaremos mucho peor y la culpa será de él. ¿De quién? De los docentes, de los funcionarios educativos, de las familias y los jóvenes, de los sindicatos, de la “cultura nacional”… o de quien sea, pero nunca del mercado.

Cuando el mercado funciona bien, los méritos son del mercado. Cuando funciona mal, la culpa es de la educación.

“Tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe”, decía mi abuela. Menos en este caso. El argumento ha sido utilizado hasta el hartazgo. Y se lo repite, se lo repite y se lo vuelve a repetir.

No deberá sorprender que, en este marco, en toda América Latina, se multipliquen los cursos de formación profesional como la mejor opción de educación para los más pobres y se amplifiquen las demandas y reclamos empresariales por una educación que se adapte a sus necesidades de productividad y sus casi siempre poco modestas aspiraciones de ganancia. Tampoco deberá sorprender que cada vez más la voz y la participación empresarial en el campo escolar, inclusive en la formulación y ejecución de las políticas educativas, tienda a ampliarse y multiplicarse; una tendencia que se observa de forma clara durante los últimos 20 años.

La política latinoamericana muchas veces parece una sesión de cine continuado: siempre vuelve a comenzar. Los avances sociales, uno de cuyas causas y al mismo tiempo consecuencia fue la ampliación de las oportunidades educativas de los más pobres, parecen irrelevantes porque, ante la posible inminencia de una nueva crisis económica, los empresarios vuelven a reclamar que no producen más y mejor porque no disponen de una fuerza de trabajo calificada y que contribuya a aumentar la calidad y la productividad de las empresas. Una vez más, la culpa es del Estado y de los pobres.

Las discusiones de la Conferencia del FMI y el documento analizado, casi nada mencionan acerca de los problemas que hoy existen y persisten en el mercado de trabajo de los países latinoamericanos (y mundiales), como el racismo, la discriminación de género, la negación de oportunidades a las personas con discapacidad, a los jóvenes, o las precarias condiciones de protección y respeto a los derechos de los inmigrantes o a los que siendo del mismo país son tratados como si fueran indocumentados invisibles.

Tampoco mencionan que si hubo una disminución de la pobreza (algo que todos festejan), pero la desigualdad no se redujo con la misma intensidad, esto quiere decir que, en estos últimos años, a los más ricos mal no les ha ido. Los pobres dejaron de ser tan pobres, pero los ricos no dejaron de ser tan ricos; por el contrario, en algunos casos, se volvieron aún más ricos.

Frente a los obstáculos que enfrentarán las economías latinoamericanas, el FMI, el Banco Mundial y la OCDE proponen cambiar a los pobres haciéndolos más productivos, sin preocuparse siquiera cómo los ricos producen y acumulan riqueza, cómo la reproducen y garantizan intergeneracionalmente, en sociedades marcadas por la injusticia, la exclusión y falta de garantías para el ejercicio de los derechos fundamentales. Nada indica que arriando a las agencias de formación laboral a los jóvenes más pobres, sus condiciones de vida mejorarán substantivamente. Lo que sí parece claro es que el actual modelo de desarrollo económico latinoamericano ha generado formas predatorias de apropiación de ganancias que han beneficiado a algunos pocos. Por lo tanto, que colocar el problema en las capacidad de innovación del sistema científico o tecnológico y en el formación profesional de los jóvenes, aunque no deja de ser importante, puede distraernos más que concentrarnos en el asunto fundamental: para revertir los altos índices de desigualdad hay que cambiar primero a los ricos, no capacitar a los pobres para que se conformen con lo que tienen.

El futuro nos señala la luna. El FMI, el Banco Mundial y la OCDE, sólo le miran el dedo.

Las economías latinoamericanas enfrentan, sin lugar a dudas, enormes desafíos. Y los enfrentarán en la próxima década. Sería bueno comenzar democratizando las relaciones humanas en el mercado de trabajo, mejorando las condiciones de distribución de la riqueza (cada vez más concentrada), ampliando los derechos de los trabajadores, promoviendo reformas fiscales que reduzcan la regresividad tributaria estructural que tenemos y que poco se ha modificado.

Que el FMI, el Banco Mundial y la OCDE se dediquen a opinar acerca de cómo mejorar todo esto. Si lo hacen, otros, bastante mejores que ellos, se ocuparán de la formación humana de las futuras generaciones, sabiendo que al salir de la escuela los esperará un sistema económico inclusivo, democrático y que no subordina la competitividad de las empresas al bienestar de los ciudadanos de una nación.

Desde Río de Janeiro

¿Es posible un país justo con educación particular pagada?

El investigador Juan Eduardo García Huidobro analiza la situación de extrema segregación educativa en Chile y discute el papel de la educación privada en la perpetuación de esta realidad

Por: Juan Eduardo García Huidobro* | Fuente: El Mostrador

Foto: MediActivista

Foto: MediActivista

Carlos Peña, en su columna de El Mercurio del domingo 23 de noviembre, señaló retóricamente que: “Cuando sea interpelado, el ministro deberá responder una sola pregunta. Si el lucro es malo, si la selección es mala, si el copago es malo, ¿por qué entonces no se suprime la educación particular pagada, esa donde él, la Presidenta y los promotores de la reforma envían a sus hijos?…”.

Finalmente no se le hizo esa pregunta al ministro… No pretendo responder por él, pero sí esbozar una posible respuesta frente a la inevitable pregunta que formula el rector Peña.

Comenzaré con alguna información sobre la educación pagada, para enseguida plantear algunos “criterios” de respuesta y concluir con la respuesta.

LA EDUCACIÓN PAGADA EN CHILE

La educación pagada atiende a un 7.5% de la matrícula: 252.680 estudiantes, en 602 establecimientos urbanos. De ellos, 277 son laicos, 185 católicos, 34 de otras religiones y sobre 106 no se tiene información. El precio parte en alrededor de $140.000 mensuales y llega a $500.000 en los más exclusivos. Varios cobran además una cuota de incorporación que puede sobrepasar los $3.500.000.Para tener una referencia: un colegio subvencionado gratuito educa con alrededor de $60.000 mensuales y los con financiamiento compartido con un ingreso mensual por estudiante de entre $65.000 y $127.000.

Comparativamente los resultados académicos del subsector son muy superiores. Así, el 93,9% de los ex alumnos de colegios pagados que rinden la PSU supera los 450 puntos exigidos para postular en el sistema de admisión centralizado (mientras que solo el 57.4% de los ex alumnos de colegios municipales y el 70,5% de los de colegios particulares subvencionados lo logra). Desde otra métrica: en 2014 de los 100 colegios con mejores puntajes PSU, 93 fueron pagados, 4 particulares y 3 particular subvencionados.

Incluso, un reportaje de La Tercera de hace seis años se preguntó ¿dónde estudiaron los gerentes generales de las 100 más grandes empresas? 84% lo hizo en colegios particulares pagados (7,5 % de los colegios) y el 50% en solo 5 colegios (0,04% de los colegios del país). Y se trataba de un fenómeno en progresión: los colegios pagados educaron al 77,8% de los gerentes mayores de 50 años y al 90% de los menores de 50 años.

Las consecuencias son claras. Es sabido que Chile es uno de los países con más alto índice de segregación social en la escuela: 53 puntos –Índice de Duncan– contra 9 de Finlandia, 26 de Estados Unidos y 40 de otros países latinoamericanos como Colombia y México (Dupriez, 2010). Ahora bien, la segregación en los colegios pagados es máxima: según un estudio reciente (Valenzuela y otros, 2013) llega a 90 puntos en la misma escala.

La investigación ha mostrado largamente que cuando hay mixtura ganan académicamente los que proceden de medios menos escolarizados y no se perjudican quienes proceden de medios más escolarizados. Pero, más allá de los resultados académicos, es claro que la segregación mella severamente la contribución de la educación a la integración social y limita su capacidad de “enseñar” la igualdad y la democracia.

CRITERIOS PARA RESPONDER

Diversos referentes nos permiten fundar un juicio sobre la situación descrita.

En primer lugar, el derecho a la educación. Desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 se ha establecido que “toda persona tiene derecho a la educación”, que la educación debe ser obligatoria y gratuita y que el acceso a la educación superior debe ser igualitario, en función de los méritos.

Desde los años 50 hacia acá, se ha venido profundizando el concepto de igualdad de oportunidades educativas, pasando de una concepción meritocrática que subraya que el criterio de distribución de la educación obligatoria debe ser el mérito y no la riqueza, a una concepción igualitaria que pone como criterio central la ciudadanía, señalando que ni el talento ni la riqueza debieran ser relevantes.

Coexistiendo con la discusión anterior, se ha dado la oposición entre una comprensión mercantil, para la cual el deber del Estado es asegurar un mínimo de educación para todos, sobre el cual quienes tienen los medios pueden pagar una educación mejor. Para esta posición ni la segregación ni la transmisión intergeneracional de privilegios son vistas como problema. En contraposición está la comprensión de la educación como un derecho social, que exige el acceso de todos a la misma educación como camino de incorporación igualitaria a la sociedad y como base de la democracia. Esta visión insiste también en que la educación obligatoria es previa al mérito.

¿ES POSIBLE AVANZAR HACIA UNA SOCIEDAD EQUITATIVA MANTENIENDO UNA EDUCACIÓN PARTICULAR PAGADA?

Me parece que lo dicho hasta acá, en el entendido de que se adhiere a una concepción igualitaria que considera a la educación como derecho social y pone como criterio central de su distribución a la ciudadanía, permite contestar esta pregunta con un “no” y, por tanto, abrirse a la idea de suprimir la educación pagada.

Sin embargo, como muy probablemente no llegaremos a esa medida en el corto plazo, propongo a continuación un par de medidas posibles para avanzar en esa dirección.

Tal vez, lo primero podría ser facilitar el camino a los colegios pagados que quieren convertirse en particulares subvencionados. Para ello se podría permitir que cambien progresivamente, desde cursos inferiores (por ejemplo, ingreso 2016), a particulares subvencionados con financiamiento compartido de pago máximo y que vayan disminuyendo su pago según quede estipulado en la ley que suprime el financiamiento compartido.

Una segunda medida puede ser poner un impuesto importante a la educación pagada, lo que llevaría a encarecerla y, por tanto, a disminuir su matrícula. Una alternativa posible es que este impuesto pueda ser pagado con becas, lo que tendría el efecto de generar más mixtura social al interior de la actual educación pagada.

* Investigador del CIDE, Universidad Alberto Hurtado

Chile: ¿Reforma o ajustes al modelo de financiamiento de la educación?

Los autores de esta columna recuerdan que el gobierno anunció que presentaría una propuesta de fortalecimiento de la educación pública a fines de este año y destacan que aún “no hay anuncios sobre qué se debe financiar para tener una educación pública ajustada a derecho y cómo se debe financiar”. Eludir el debate acerca de “qué tipo de educación queremos y para qué queremos educarnos, le resta profundidad a la discusión sobre qué tipo de financiamiento es el más adecuado”, señalan. Y recuerdan que “una ley que intentó fortalecer la educación pública sin cambiar el modelo de financiamiento, como la ley SEP, terminó incrementando los recursos fiscales que van a los colegios particulares subvencionados”.

Por:  | Fuente: Ciper Chile

Profesores-Educacion-Alumnos-4Durante el último año la propuesta de reforma educacional ha generado una intensa defensa de parlamentarios, oficialistas y de oposición, por perfilar la reforma educacional en vías de hacer todo para que nada cambie. Por un lado la Alianza por Chile ha construido una campaña del terror amenazando con el cierre masivo de colegios particulares subvencionados que supuestamente generará la reforma, sacando a miles de personas a la calle a movilizarse en contra de cualquier transformación que fortalezca la educación pública.

Por otra parte el gobierno y los parlamentarios oficialistas ha delimitado un camino bastante calculado, diseñando políticas públicas orientadas a ajustar las reglas de funcionamiento y los incentivos que regularán algunos aspectos del mercado educativo, manteniendo y profundizando el trato de la educación pública como si fuese privada. Este movimiento pareciera tratar de aminorar los costos políticos al interior de la Nueva Mayoría. El gobierno entiende que acordando las reglas del juego con los sostenedores privados de la educación[1], será posible avanzar en otras áreas que para el movimiento social por la educación son críticas, como una carrera profesional docente y una nueva institucionalidad y financiamiento para la educación pública.

no-al-lucroEl gobierno ha demostrado su clara opción por mantener buenas relaciones con quienes lucran y se han enriquecido a partir del negocio educativo ofreciendo arrendar o comprar la infraestructura y subiendo el monto de la subvención que reciben. En lo que concierne a la prohibición de seleccionar estudiantes por parte de los sostenedores, vale la pena señalar que esta práctica es inconstitucional en casi todos los países del mundo[2], sin embargo aún acá hay grupos que mantienen una defensa acérrima por mantenerla, junto con el financiamiento por alumno. Ante esta situación, es pertinente preguntarse si es posible construir una educación sin lucro, pública, gratuita y con participación de la comunidad, si quienes son miembros de los partidos políticos tienen intereses creados en universidades, centros de formación técnica y colegios[3].

El Foro por el Derecho a la Educación desde hace más de seis años ha propuesto el fin de la selección y del financiamiento compartido, por ser la gratuidad y la no discriminación dos características centrales de la educación pública que contribuyen a la realización del derecho a la educación. Así lo reafirma el relator especial sobre el Derecho a la Educación, Kishore Singh, quien en un reciente informe[4] señala: “Los gobiernos deben hacer todo lo posible para fortalecer sus sistemas de educación pública, en lugar de permitir o apoyar a los proveedores privados; la educación con fines lucrativos no se debería permitir, a fin de salvaguardar la causa noble de la educación”.

No obstante, en nuestro país, hasta ahora, no ha existido un debate fundado que permita redefinir lo público en educación y la discusión se restringe a que cada grupo de interés le exija al gobierno que su proyecto educativo debe ser financiado. En un esfuerzo colectivo por destrabar este debate necesario para orientar qué entender por educación pública, junto con otras organizaciones, el Foro ha elaborado el documento: “Criterios para la Reconstrucción de lo público en Educación en el Chile Neoliberal”[5].

Soslayar la discusión sobre lo público y no definir colectivamente qué tipo de educación queremos y para qué queremos educarnos, le resta profundidad a la discusión sobre qué tipo de financiamiento es el más adecuado y se ajusta a los estándares internacionales sobre el derecho a la educación.  Actualmente el debate sobre el financiamiento de la educación queda reducido a definir cuánto porcentaje del presupuesto fiscal se reajusta para asignarlo a un sistema educacional mercantilizado, privatizado y precarizado.

La evidencia demuestra que una ley que intentó fortalecer la educación pública sin cambiar el modelo de financiamiento, como la ley SEP, terminó incrementando los recursos fiscales que van a los colegios particulares subvencionados, que reciben el 52% de estos fondos[6].

El gobierno se comprometió a presentar una propuesta de fortalecimiento de la educación pública para diciembre de este año. Hasta ahora no hay anuncios sobre qué se debe financiar para tener una educación pública ajustada a derecho y cómo se debe financiar.

Pensar el paradigma bajo el cual se sostiene un proyecto educacional es un elemento clave para definir su modelo de financiamiento. Existe abundante evidencia de que los mejores sistemas educativos son aquellos que preferentemente se sostienen sobre la base de una educación pública, gratuita, sin discriminación y con participación de la comunidad[7].

portada-educacionnuevoPor ello, la participación debe ser entendida desde una perspectiva amplia, incluso en aquellos ámbitos que se definen como propios de expertos, como el área del financiamiento. Es por ello muy importante que las comunidades entren en diálogo con las instituciones a cargo de fortalecer la educación pública y que estas últimas respondan de manera oportuna a las necesidades de la comunidad.

Avanzar en una perspectiva pública de la educación es, entre otras medidas, oponerse al actual sistema de subvención por asistencia de alumno a la escuela,  porque éste genera competencia entre establecimientos y discriminación, donde los estudiantes pierden su condición de ser humano, su dignidad y pasan a ser vistos como un bolsón de recursos.

Es fundamental construir las condiciones para un financiamiento basal de la educación pública que incorpore características como: accesibilidad, inclusión, disponibilidad de recursos y equipos profesionales adecuados, un curriculum pertinente de acuerdo a las necesidades de cada comunidad y por supuesto la participación colectiva en la toma de decisiones sobre el proyecto educativo y su realización.

Ante este desafío, el Foro Chileno por el Derecho a la Educación en conjunto con otras organizaciones de la sociedad civil y administradores de educación pública[8], han trabajado durante más de dos años en la elaboración y puesta a prueba de una propuesta de financiamiento basal de la educación pública, calculado con participación de las comunidades. Este modelo de financiamiento, además, se basa en el cumplimiento de la normativa internacional sobre el Derecho a la Educación y recoge las necesidades que las propias comunidades han definido como urgentes para sus contextos.

Esta propuesta de financiamiento permite superar la arbitrariedad con que se fijan los montos de la subvención escolar, que no tienen en cuenta las necesidades de funcionamiento de las escuelas y liceos, y es, a su vez, un modelo para construir las políticas públicas de forma pertinente, participativa y ajustada a derecho.

Esta es una exigencia ética y política ineludible. De esta forma creemos contribuir con una medida concreta, que junto a otras permita destrabar la privatización, mercantilización, segregación y crisis generalizada que caracteriza a nuestro sistema educativo.

 

[1] Ver nota de prensa en: http://www.lanacion.cl/noticias/pais/educacion/eyzaguirre-ad-portas-de-votacion-de-reforma-sostenedores-recuperaran-su-inversion/2014-10-20/113131.html

[2] Ver Revista Docencia (2014), Entrevista a Alejandro Carrasco, enhttp://www.revistadocencia.cl/pdf/20140825225329.pdf

[3] Monckeberg, M (2007).  “El Negocio de las Universidades en Chile”. Editorial Debate: Chile. Monckberg, M (2013). “Con Fines de Lucro.La escandalosa historia de las universidades privadas en Chile”. Editorial Debate: Chile.

[4] Singh, K (2014) “Reporte del Relator Especial del Derecho a la Educación”. Disponible enhttp://daccess-ods.un.org/TMP/9604.99979555607.html

[5] Ver documento en http://www.educacionparatodos.cl/criterios-para-la-reconstruccion-de-lo-publico-en-educacion-en-el-chile-neoliberal/

[6] Ver nota en: http://www.educacionparatodos.cl/se-realiza-primer-taller-sobre-el-costo-de-la-educacion-publica-en-los-andes/fundacionsol/

[7] Foro Chileno por el Derecho a la Educación (2013). “El derecho a la participación en la educación chilena”. Disponible en http://www.educacionparatodos.cl/el-derecho-a-la-participacion-en-la-educacion-chilena/

[8] La investigación se está realizando junto con Fundación Sol, el Equipo de Psicología y Educación de la U. de Chile, la Cooperativa de Trabajadores Centro Alerta, siendo San Joaquín y Los Andes las primeras comunas donde se desarrolla esta iniciativa.

Análisis: No es el lucro, es la privatización

“Un sistema educacional sin lucro significa en el fondo decidirnos a buscar, como sociedad, los consensos fundamentales para construir un proyecto educativo que nos represente a todos”, opina el consultor y escritor chileno Pablo Torche

Por Pablo Torche | El Mostrador

Foto: Museo de Arte Callejero

Foto: Museo de Arte Callejero

La prohibición del lucro en la educación –una de las principales medidas de la reforma educativa–, ha estado rodeada de un arduo debate. ¿Es el lucro positivo o negativo para la educación, favorece o dificulta el logro de los objetivos educativos, está bien que se elimine o debe mantenerse? A partir de la respuesta que se entrega a estas preguntas, la medida tiene ardientes defensores y furiosos detractores, lo que parece legítimo y hasta constructivo en un contexto democrático.

Lo que no resulta tan constructivo es el carácter del debate, que se ha desenvuelto principalmente dentro de los márgenes estrechos de la tecnocracia académica, orientándose a establecer si los colegios con lucro obtienen mejores o peores resultados que los colegios sin lucro. Pareciera que sólo si se demuestra una verdad inapelable, en uno u otro sentido, tendremos derecho a favorecer, como país, una y otra opción: el sistema educacional, y la sociedad, a merced de lo que nos digan las frías cifras de los estudios “empíricos”.

Pero las cifras, como ya es costumbre, no dicen nada concluyente o, más bien dicho, dependen curiosamente de la visión política del investigador. Académicos vinculados a la derecha suelen encontrar que el lucro no afecta a la calidad de la educación, o puede incluso favorecerla. Investigadores asociados al gobierno encuentran “empíricamente” justo lo contrario.

Sólo el fin de semana, en La Tercera, se presentó un ejemplo más de este interesante devenir empírico, en las plumas de Sylvia Eyzaguirre, a favor del lucro, y Gregory Elacqua, en contra. Como sucede siempre, ambos autores esgrimían con propiedad investigaciones “empíricas” que respaldaban sus propias visiones contrapuestas. La única diferencia en esta ocasión (anecdótica, debo reconocerlo) consistía en que una de las investigaciones citadas por Eyzaguirre a favor de su argumento era precisamente un trabajo realizado por Elacqua hace algún tiempo –trabajo que Elacqua se abstenía muy bien de mencionar en su columna, de más está decirlo–.

Mirado en perspectiva, todo este debate técnico resulta en verdad un poco insulso, a la luz de las grandes reformas educativas que el país se ha puesto como desafío. En efecto, ¿qué importancia puede tener que un colegio que lucra obtenga un par de puntitos más en el Simce que uno que no lucra? (controlando por nivel socioeconómico, escolaridad de los padres, y hasta equipo de fútbol si se quiere). Todos sabemos que hay colegios sin fines de lucro que funcionan muy bien y otros que lo hacen muy mal, y lo mismo ocurre con colegios que lucran. Sería mezquino, y hasta miope, pensar que una medida de este tipo tiene por objeto aumentar marginalmente un indicador específico de calidad. Por otro lado, es también ingenuo pensar que la supresión del lucro va a favorecer automáticamente la calidad de un colegio, menos aún de un sistema educacional en su conjunto, ésta depende de miles de otros factores. En este sentido, reconozco hidalgamente que concuerdo con Sylvia Eyzaguirre, en el sentido de que hay una enorme heterogeneidad de establecimientos, la cual no es reductible a una u otra variable específica.

Las razones de fondo para la eliminación del lucro no pueden reducirse a ciertos objetivos técnicos estrechos, como aumentar un poco el Simce o cualquier otro indicador aislado de calidad. (En general, no es bueno construir política pública a partir de un compendio de medidas dispersas, porque algún paper académico ha “demostrado” que es eficiente). La eliminación del lucro plantea un dilema mucho más profundo, que se relaciona con la disyuntiva de seguir privilegiando un sistema educacional crecientemente privatizado, gestionado en términos de mercado para satisfacer la demanda de los apoderados/consumidores o, si tomamos la decisión de ponernos de acuerdo como sociedad, para construir en conjunto un sistema educacional en el que participemos todos, que nos refleje a todos y nos deje satisfechos a todos.

En este sentido, la propuesta de eliminar el lucro adquiere un sentido profundamente político, que debería relevarse con más fuerza. Ya que no se trata simplemente de obtener una ventaja eficientista o de impedir que un privado obtenga ganancias con recursos públicos (otra ventaja técnica menor, aludida con frecuencia, incluso por el Mineduc); se relaciona más bien con el tipo de país que queremos construir, con un sueño de sociedad.

Un sistema educacional sin lucro significa en el fondo decidirnos a buscar, como sociedad, los consensos fundamentales para construir un proyecto educativo que nos represente a todos, que dé cabida a todos los chilenos. Significa también atrevernos a generar un espacio educativo en el que los chilenos nos podamos integrar y encontrar (con las dificultades que esto implica) y no uno como el actual, en que damos por desechada esta posibilidad y preferimos, en cambio, construir un colegio distinto para cada gusto y cada grupito (especialmente –todo hay que decirlo– para los que pueden pagar más). Significa luchar por construir un sistema que no reproduzca las desigualdades, las diferencias, las burbujas y los bolsones de pobreza, sino que sea capaz de entregarle a cada niño lo mejor que el país puede ofrecer, sin importar su origen, apellido, recursos, región ni ninguna otra variable. Esta es la verdadera educación como derecho social. Significa, por último, confiar en que como sociedad podemos encontrar las motivaciones y el esfuerzo necesario para construir un sistema educacional de excelencia, aun sin los motores de la competencia y la ganancia personal.

Esto es ortodoxia en muchas partes del mundo (la mayoría en realidad), pero aun así es necesario hacer concebir ese sueño a la sociedad chilena, aun así es necesario convencer, encantar. Por eso es tan preocupante que esta dimensión del debate se mantenga en buena parte ausente de la discusión actual.

Es muy cierto, como señala un connotado teórico inglés, que no se le puede pedir a la educación que solucione todos los problemas de la sociedad. Sin embargo, parece lícito pedirle al menos que no los acreciente. La eliminación del lucro es tan importante porque tiene por propósito disminuir la privatización y fragmentación de nuestra sociedad; porque persigue, a la larga, crear un país menos dividido, más integrado; porque nos obliga, por último, a hacer del Estado el punto de encuentro en que todos debemos negociar la educación que queremos para Chile.

Planteando cuestiones de educación y privatización ante la ONU

Tras la reafirmación del Comité sobre los Derechos del Niño de la ONU de que la educación es un bien público y las cuestiones que hizo al Estado marroquí el 3 de septiembre de 2014, el consultor Sylvain Aubry comparte su relato de cómo ha sido posible alcanzar este logro histórico, que abre caminos a la lucha por el fortalecimiento de la educación pública en todo el mundo

Fuente: Por Sylvain Aubry, para Right to Education Project | Traducción: #Contracorriente

Foto: Sylvain Aubry

Foto: Sylvain Aubry

Es la mañana de miércoles, 3 de septiembre [2014], en la Oficina del Alto Comisionado por los Derechos Humanos en Ginebra. Se echan los dados; en pocos minutos, saberemos. Mi compañero marroquí, que representa la Coalición Marroquí por la Educación para Todos, y yo, que represento la Iniciativa Global por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (GI-ESCR) esperamos ansiosamente. Plantearán ellos la cuestión? Qué responderá el gobierno? Llega el momento. La Sra. Amal Aldoseri, miembro del Comité sobre los Derechos del Niño (CRC), de la ONU, presenta una serie de cuestiones sobre el sistema educativo en el Marruecos, y finalmente pregunta: “Podrían ustedes explicar el impacto del desarrollo de la educación privada sobre las desigualdades y el derecho a la educación en su Estado?”

No podemos dejar de sentir una excitación interior frente al evento. Estamos nos acercando de nuestro objetivo, después de un año de trabajo intenso para llamar la atención a la instalación paulatina de la privatización de la educación en Marruecos y sus efectos devastadores. El gobierno Marroquí finalmente tendrá que explicar por qué, a lo largo de más de una década, ha apoyado y promovido el desarrollo del pago de tasas, del lucro, de escuelas privadas, triplicando el número de estudiantes matriculados/as en las escuelas privadas, y por lo tanto concurriendo para ampliar las desigualdades en el acceso a la educación de calidad y aumentando la división de la sociedad entre personas ricas y pobres.

El gobierno está representado en Ginebra por una fuerte delegación de 20 personas, bajo la dirección de la Ministra de la Solidaridad, Mujeres, Familia y Desarrollo Social, la Sra. Bassima Hakkaoui. La delegación vino a Ginebra para discutir su implementación de la Convención de la ONU sobre los Derechos del Niño, como parte de la revisión periodica que el CRC realiza normalmente cada cinco años. El representante encargado de la educación del gobierno es el primero a responder a las preguntas de la Sra. Aldoseri. Él habla genéricamente sobre todos los temas por ella planteados, celebrando el ‘gran progreso’ y las realizaciones de Marruecos respecto a la educación, y es seguido por la Sra. Hakkaoui, que complementa sus respuestas, excepto… por el hecho de que los dos ignoran la cuestión relativa a la privatización en la educación.

Pensamos que el punto sería archivado, pues el CRC tiene mucho poco tiempo para realizar la revisión, la privatización había sido una pregunta discreta al final y que pudiera parecer un tema menor al Comité; la discusión caminaría al próximo punto, conforme lo previsto. El gobierno no tendrá que proveer ninguna información, y tendremos que cruzar los dedos para que el Comité aún incluya la privatización en la educación en sus recomendaciones por escrito. Sin embargo, en ese momento vemos a alguien levantar la mano. El Sr. Hatem Kotrane, miembro de CRC de Tunicia, hace una pregunta de seguimiento sobre la privatización. Con base en estadísticas del Ministerio de la Educación, que mi compañero marroquí le entregó poco antes, en el intervalo, él quiere saber por qué los números muestran que la mayoría de las maestras y maestros en las escuelas privadas también enseñan en establecimientos públicos. Por un rato, silencio en el salón. Otra mano se levanta. El Sr. Benyam Mezmur, miembro del CRC, hace una pregunta de seguimiento adicional, y quiere saber por qué el gobierno no respondió a la pregunta sobre la privatización, que es un punto fundamental.

La delegación del gobierno parece insegura. Alguien empieza a responder, indicando que el Marruecos tiene el objetivo de llegar lo más rápido posible al ‘20% de estudiantes matriculadas/os en escuelas privadas.’ La Sra. Hakkaoui, la ministra, continúa y celebra la educación privada. Ella indica que el gobierno ‘promueve la libre competición en la educación, lo que es bueno para todos los ciudadanos y ciudadanas.’ Los dos insisten que la educación privada está ‘bien regulada en Marruecos,’ y que ‘ningún maestro o maestra del sector público enseña en escuelas privadas.’ Frente a esta última afirmación, representantes de organizaciones de la sociedad civil marroquí que estaban sentadas/os a mi lado no pudieron evitar una reacción entre la risa y el choque, una vez que todas las personas en Marruecos saben que esto simplemente no es verdad…

La reunión continúa, y la discusión ahora pasa a otro tópico. Los miembros del CRC hacen una serie de preguntas sobre el derecho a la salud. Sin embargo, mientras el gobierno empieza a responder, el Sr. Benyam Mezmur, miembro del CRC, levanta su mano otra vez: ‘No costumbro insistir para que se vuelva a un asunto que ya discutimos, pero… era la traducción que no funcionaba bien, o entendí correctamente que el gobierno de Marruecos quiere llegar a los 20% de estudiantes en escuelas privadas!? La educación es un bien público, y es responsabilidad del gobierno proveer educación de calidad para todas las personas!… Ustedes dicen que todo va bien en su sistema educativo, pero podrían por lo menos mencionar dos asuntos que no estén encarando?”

Otro momento de silencio en el salón. La Sra. Hakkaoui intenta, a través de una respuesta vaga, pero luego el delegado interministerial encargado de los derechos humanos interviene. Con su experiencia de derechos humanos, talvez él entienda mejor que la discusión toma el camino errado para ellos/as, y así admite que el sistema educativo no es perfecto – aunque no presente mayores detalles –, añadiendo que el país está trabajando en una reforma del sistema educativo. En ese punto, sabemos que hemos dado un paso largo en nuestra incidencia, y que nuestros esfuerzos de los 10 meses anteriores están comenzando a encontrar respuestas. El CRC, gracias a su persistencia y cuestiones precisas, forzó el gobierno a revelar su apoyo a la educación privada y a mostrar públicamente su estorbo y falta de reflexión sobre su impacto en el derecho a la educación.

¿Cómo llegamos hasta acá? Para alcanzar tal momento, estos 5 minutos en que el gobierno marroquí tiene que explicarse públicamente sobre los efectos desastrosos de sus políticas privatistas, trabajamos durante varios meses. GI-ESCR y la Coalición Marroquí han comenzado en octubre, gracias al apoyo de la Iniciativa de Investigación sobre la Privatización de la Educación (PERI), con una investigación sobre la dimensión y el impacto de la privatización de la educación en Marruecos. Después de la investigación, enviamos dos informes al CRC en diciembre, anticipándonos a la sesión previa del CRC (una revisión preliminar), realizada en febrero.

Desde entonces, preparamos documentos sencillos de incidencia, tuvimos algunas reuniones con grupos de interese en Ginebra para sensibilizarlos respecto a este tema poco conocido, y movilizamos y coordinamos activamente con organizaciones de la sociedad civil en Marruecos a través de discusiones y talleres. Estuvimos presentes en Ginebra en el día de la sesión previa del CRC, y a pesar que no éramos invitadas/os para asistir a dicha sesión (que es cerrada a participantes invitadas/os), nos organizamos con otras organizaciones marroquíes para que pudiéramos entrar solo para plantear el tema de la privatización, y usamos tal oportunidad para hablar a actores centrales paralelamente a la sesión.

Nuestra primera victoria fue la inclusión de cuestiones relativas a las desigualdades en la educación y el desarrollo de escuelas privadas en la lista de temas del CRC, que es una lista de cuestiones escritas que el CRC le envía a los Estados antes de la revisión. El Estado respondió a dichas cuestiones en junio, pero fue muy vago respecto al tema de la privatización. Entonces, publicamos un tercer informe, señalando lo que faltó en la respuesta del gobierno.

Solamente después de este trabajo conseguimos entrar en Ginebra, para la presente sesión de revisión. En ese momento, la mayor parte del trabajo ya se había hecho, y apenas tuvimos que hacer una presión final de sensibilización sobre el asunto. Sentamos y esperamos ansiosamente que el CRC planteara sus cuestiones… Así que el último paso fue intentar contactar a personas que no estaban en Ginebra – en particular, personas de Marruecos – para que supieran lo que pasó en aquél salón del Palais des Nations. Trabajar con una red amplia de actores en Marruecos ha sido esencial. Contactamos muchos periodistas y conseguimos cobertura de prensa, en francés, como aquí, aquí, aquí o allá, y en árabe, como aquí. Las buenas conexiones de nuestros aliados en Marruecos han sido muy importantes!

Conseguir que el CRC cuestionase Marruecos no es el final de la jornada: este es apenas un Estado entre los muchos afectados por la privatización, y necesitamos esperar para ver si las observaciones conclusivas (recomendaciones por escrito enviadas a los Estados) que el CRC publicará al final de septiembre tratan el tema de manera adecuada, y entonces tendremos mucho trabajo para convencer el gobierno a implementar dichas recomendaciones. Sin embargo, esto es significativo. El hecho de que un Comité de expertas/os en derechos humanos de la ONU cuestionó públicamente el desarrollo de la educación privada y recordó al mundo que la educación es un bien público es un paso decisivo. También es un mensaje formidable de esperanza para miles de activistas que hacen campañas alrededor del mundo en defensa de la educación pública de calidad para todas las personas y más allá, por una concepción de sociedad en que toda niñas y niño pueda desarrollar todo el potencial de su personalidad, talentos y habilidades mentales y físicas, y en que toda niña y niño aprenda a vivir junto en una sociedad abierta, tolerante y vibrante.

Sylvain Aubry es consultor independiente sobre derechos humanos y vive en Nairobi, Kenya, donde trabaja con distintas organizaciones. Actualmente, él trabaja con la Iniciativa Global por los Derechos Económicos, Sociales y Culturales (GI-ESCR), el Right to Education Project, y varios otros aliados internacionales y nacionales en un proyecto de investigación e incidencia sobre la privatización y el derecho a la educación. Caso desee involucrarse, contacte a: sylvain@globalinitiative-escr.org.

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